Después de tantos años corriendo creo que mi distancia ideal son las medias. Los cinco kilómetros se me hacen duros del esfuerzo intenso, las carreras de diez cada vez las hacemos más rápido y sufro. Pero las medias me permiten ir a un ritmo cómodo y disfrutar del recorrido y de los compañeros de carrera. Hoy ha sido un gran día, pero por los compañeros que he tenido de carrera.

Levantarse a las siete de la mañana un domingo para ir a correr nos pone a los corredores en otro plano. A esas horas los únicos que están por la calle son excursionistas que empiezan temprano o bien trasnochadores volviendo a su casa. La gente te mira entre el respeto y cierto aire de extrañeza. Quedo con María a las ocho y nos vamos a casa de Óscar, allí nos espera también Fernando. Nos saludamos y nos vamos corriendo a la meta. Con apenas tres grados no es cuestión de estar mucho tiempo en la calle sin moverse.

En la salida ya vemos que esta carrera es exigente. Algo que hacemos los corredores es observarnos en la salida y en esta hay mucho profesional. Arrancamos de forma conservadora y bajamos una gran avenida aprovechamos para ir charlando y ganando algo de tiempo para lo que se avecina. En el kilómetro trece llegando a El Pardo empieza la carrera de verdad, giras a la derecha y hay un repecho de unos tres kilómetros. Bueno, más que repecho es una cuesta arriba bastante puñetera, que se pone cada vez más empinada cuando llegas al final.

En la cuesta arriba dejo a Óscar y María. Me encuentro bien, apenas subo de pulsaciones y voy adelantando a otros corredores fácilmente. Pero la cuesta se hace larga. Cuando las fuerzas ya se me iban e iba a bajar el ritmo se me acerca un corredor por detrás con una camiseta verde que me dice: ¿eres el padre de Xergio?. Caramba, pero si es Pedro del Team Espada. Si recordáis arrancamos la maratón del año pasado con ellos, ellos corren con Carlos, que tiene ELA.

Increíble. A pesar de que pensaba que no tenía más fuelle me pongo a hablar con Pedro y subo los últimos metros de la cuesta, los más duros, hablando con él como si tal cosa. Pedro me dice que Carlos anda bajo de moral, que le han hecho una traqueotomía y que ahora respira mejor. Siguen soñando con volver a la maratón de Madrid. Me dicen que si Carlos no corre les gustaría correr con Xergio. Intuyo que ellos van más rápido y les digo que sigan a su ritmo. Nos despedimos pero pasados unos metros veo que puedo seguir a su ritmo. Me anima su conversación y bajamos hacia Madrid charlando y haciendo planes para otras carreras.

Al llegar al último repecho les dejo y cojo mi ritmo. Pero nada más empezar la última subida un tipo bastante alto me dice: “¡Hola!”. Es Carlos, que está corriendo con los DrinkingRunners. Siempre hemos dicho que correríamos algún día juntos y zas, la ocasión aparece sola. Le digo que vaya a su ritmo pero me dice que no puede mucho más y vamos un rato corriendo juntos hacia la meta. En la llegada le doy el tradicional brick de caldo Aneto para contribuir en la recogida de alimentos que hacen.

La llegada ha sido un poco caótica con mucha gente en la salida. Además se puso a llover y llegamos a casa de Óscar empapados. Menos mal que allí Óscar y su familia nos dieron un café y unas tostadas desde luego reparadoras. Ha sido un gran día, me he encontrado muy bien y he hecho mi mejor marca en una media.

Pero lo mejor ha sido correr entre amigos, desde el principio hasta el final.

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